Antecedentes

La creación del Ministerio del Agua responde a condiciones sociales que se dieron en Bolivia en los últimos años en contra del proceso de privatización que se dió en la década de los noventa. El impacto de estas medidas se manifiesta en la primera Guerra del Agua en el año 2000 en la ciudad de Cochabamba y posteriormente en la ciudad de El Alto en el año 2004, con la segunda Guerra del Agua. Esta lucha por parte de la sociedad civil organizada en contra de las políticas de privatización y uso mercantil del agua, fueron los ejes mas importantes para la creación del Ministerio del Agua.

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El gobierno del presidente Evo Morales, creó el Ministerio del Agua de Bolivia, que se constituye en el primero en su género en el continente. El mandato de esta institución es encarar importantes transformaciones legales en el sector, en la perspectiva de un manejo integral y sostenible de los recursos hídricos y los servicios asociados, para garantizar el acceso al agua de toda la población, brindando seguridad jurídica a las comunidades indígenas y campesinas sobre fuentes de agua.

El Ministerio del Agua se estructura en tres viceministerios, cada uno de los cuales se encarga de una temática fundamental, cuencas y recursos hídricos, riego y servicios básicos (agua potable, saneamiento básico, gestión de residuos sólidos).

 

 PROBLEMÁTICA DEL AGUA

El agua es un recurso vital para los seres humanos y para la naturaleza, es indispensable para la vida y el mantenimiento de los sistemas ecológicos en todo el planeta, y probablemente por su valor estratégico para la vida. Es también un recurso muy ansiado por las empresas multinacionales y por el sistema neoliberal que pretendió controlar este recurso e incorporarlo en la lógica de la mercantilización, para obtener de él jugosas ganancias. Estas políticas privatizadoras, provocaron conflictos sociales y vulneraron los derechos humanos, los derechos ambientales y la democracia.  

 

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EL AGUA, UN RECURSO ESTRATÉGICO

El conflicto generado por la privatización del agua en Cochabamba-Bolivia, el año 2000, es un caso emblemático que ejemplifica muy claramente las consecuencias de los procesos de privatización del agua que se impulsaron en los años 90`s, particularmente en los países del Sur y muestra los grados de impacto en los usuarios, en las mujeres, en los derechos indígenas, en los más pobres y la sociedad en su conjunto, pues conjuga la diversidad de factores y tensiones en las que se debate el agua en el mundo contemporáneo. Este caso, muestra cómo las políticas financieras y la tendencia a la mercantilización del agua afectan a comunidades locales, sobre todo a indígenas y gente humilde de las zonas periurbanas, evidenciando una contradicción central que existe en torno al agua en el mundo contemporáneo: privatización versus bien común.

Aunque estas perspectivas contrarias pueden expresarse de diferentes maneras, las visiones y prácticas respecto al agua pueden resumirse en dos lógicas totalmente opuestas a lo largo y ancho del mundo: por un lado visiones y conceptos globalizadores y empresariales, orientados hacia políticas de privatización y mercantilización que buscan simplemente rentabilidad y ganancias por encima de toda consideración de bien colectivo; y por otro lado visiones, cosmovisiones y prácticas colectivas de sociedades locales, que enfatizan y reivindican el uso común y solidario del agua, muchas de ellas, buscan y practican una reciprocidad con la naturaleza, la mayoría están asentadas en tejidos socioculturales de larga tradición y expresan un sentimiento universal: "el Agua es Vida".


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La privatización de los recursos naturales fué impulsada por la banca multilateral, en el marco de una verdadera telaraña de acuerdos de libre mercado, bajo fuertes condiciones financieras, argumentando la ineficiencia y corrupción de los sistemas públicos, en función de ampliar los mercados y las influencias de las grandes empresas, para –según se dice- una mejor y más eficiente distribución y conservación del “recurso agua”. Sin embargo lo hacen privilegiando una estrategia económica rentable, por encima de consideraciones sociales, culturales y de sostenibilidad ambiental, reduciendo considerablemente la participación ciudadana en la gestión del agua y el medio ambiente, mediante la privatización de los servicios, tal como se vio en el caso de Cochabamba.

Ambitos del impacto de la privatización del agua en Cochabamba

En el caso de la privatización del agua, se puede evidenciar que la privatización de los servicios, no solamente tuvo un impacto en las tarifas de los usuarios, y no solamente a nivel urbano, sino también en los derechos indígenas de acceso a las fuentes de agua y a los recursos naturales, en los derechos de las mujeres, en los conocimientos y valores locales para la gestión del agua, y finalmente en la propia democracia, el control social, la gobernabilidad y en los significados sociales del agua.

A continuación identificamos cinco ámbitos de impacto de la privatización puesta en práctica en Cochabamba, que permiten entender la magnitud del problema acarreado por la privatización del servicio de agua.:

 

  • Las tarifas
  • Las condiciones que rodean a la privatización, y el grado de afectación a los sistemas de agua potable colectivos o comunitarios.
  • El derecho de la empresa privatizada a disponer de las fuentes de agua a las que tienen acceso las comunidades rurales y los sistemas de riego campesinos, por tanto su afectación a los derechos indígenas.
  • Los impactos a nivel de la cultura del agua, asentada en la región y por lo tanto un impacto más sostenido y a largo plazo a nivel de los significados sociales del agua.
  • Los impactos que provocan las leyes de protección a las inversiones para los derechos de las mujeres.
  • La Guerra del Agua de Cochabamba 2000, suele explicarse sólo a partir de la protesta de los usuarios urbanos frente a la elevación de tarifas, pero el conflicto fue mucho más que eso: la privatización del agua en países como Bolivia, con alrededor de 40% de población rural que vive de la agricultura de subsistencia, con casi 70% de población indígena repartida en comunidades y cordones urbanos pobres; que integra comunidades y pueblos indígenas con una cultura comunitaria de tradición en el manejo de los recursos hídricos, involucra la afectación a los derechos del agua de los pueblos indígenas, y la afectación a sistemas propios de gestión, organizados como alternativa a la falta de atención estatal en el servicio. Esta agresión a los derechos al agua fue entonces preparada mediante la imposición de una legislación que aprobó el gobierno, para imponer la privatización. Legislación apoyada y promovida por diferentes niveles de la cooperación multilateral internacional.

    Por ello en la Guerra del Agua la población se movilizó por tres aspectos:

     

  • 1.-El rechazo al Proyecto de Ley de Aguas, elaborado por el gobierno.

    2.-La modificación de la Ley Nº 2029 de Agua Potable y Alcantarillado.

    3.-La rescisión de contrato con la empresa Aguas del Tunari (encargada de la prestación del servicio de agua potable y alcantarillado sanitario en la ciudad de Cochabamba)


  • Las características de la privatización

    La privatización de los servicios de agua potable en Bolivia, fue una condición de la renegociación de la deuda externa de Bolivia con el Banco Mundial, el BID y el FMI en el año 1998. Cumpliendo con este ESAF (Ajuste Estructural Reforzado) se procedió a la licitación del Servicio Municipal de Agua potable y Alcantarillado (SEMAPA) de Cochabamba. El 21 de agosto de 1998, mediante un Decreto Supremo se autoriza la privatización de SEMAPA y se hace un primer intento de licitación que unía el servicio de agua potable y alcantarillado, la ampliación de cobertura y el financiamiento del Proyecto de Agua Misicuni, proyecto concebido como la solución para el problema del agua en Cochabamba. Misicuni es un proyecto para abrir un túnel que conecte a las aguas de la cordillera con el valle cochabambino, un proyecto del cual se habla durante décadas para resolver el problema de escasez de agua en la zona y que administraciones locales poco transparentes y corruptas no pudieron nunca poner en práctica.

    Para hacer efectiva la privatización el gobierno puso en marcha la Ley 2029 que planteaba: Tarifas indexadas al dólar; Monopolio y exclusividad de la empresa en el acceso a las fuentes de agua con derechos exclusivos de 40 años sobre las mismas y licencias de 5 años para las organizaciones indígenas; Prohibición de servicios alternativos; la Superintendencia de Saneamiento Básico era la autoridad para disponer de los recursos hídricos para cualquier uso, sea agrícola, industrial, minero, hidroeléctrico, etc.. En otras palabras la ley de agua potable, era de hecho una ley que afectaba los recursos hídricos de todo el país. Ley que instituía mecanismos autoritarios y verticales en la toma de decisiones. Esta Ley era una copia textual de los contenidos del contrato con la empresa, que al igual hablaba de tarifas indexadas al dólar, una tasa de retorno del 16%, monopolio y exclusividad, derecho de expropiación de los sistemas existentes y derechos privilegiados sobre las fuentes de agua.

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    Esta ley y el contrato afectaron a los usuarios urbanos sometiéndolos a tarifas dolarizadas (con incrementos entre el 30% y hasta el 300%). Las mujeres en su mayoría dedicadas a los roles reproductivos, sufrieron los impactos de manera más fuerte, porque se vieron obligadas a reducir otros costos de su canasta familiar en función de pagar los altos costos del servicio. La privatización también impactó en los vecinos de sistemas comunales de agua potable, construidos con aportes de los pobladores, que de acuerdo a los términos del contrato, pasaban entonces a manos de la empresa, que se apropiaba de sus sistemas, bajo su propio sistema de tarifas; es decir, se apropiaba de sus pequeñas inversiones y les cobraba caro por los servicios. Afectaban a las comunidades campesinas y sistemas de regantes campesinos, que viven de la agricultura y constituyen una importante red de organizaciones encargadas de gestionar el agua, pues tras la privatización, éstas fuentes pasaron a manos casi exclusivas de la empresa: para acceder a sus fuentes de agua, las organizaciones campesinas debían renovar licencias cada 5 años, mientras que la empresa contaba con una concesión privilegiada de 40 años, según esta ley. Pero además, el proceso de privatización vulneró la esencia de la democracia pues no sólo impuso un contrato en un marco de no transparencia y con vicios de corrupción, sino que impuso una ley no consensuada y arbitraria, que no recogía visiones de gestión del agua y mucho menos el “sentido común” que la población reclamaba.

    El proceso de privatización estuvo viciado de irregularidades desde un principio, pues las primeras dos licitaciones no funcionaron; en la segunda, la única empresa en presentarse fue Aguas del Tunari pero con condiciones y exigencias de rentabilidad que estaban asentadas en el criterio de “recuperación del costo total de la inversión” a partir de los usuarios. En lugar de llamar a una nueva licitación, el gobierno invitó directamente a Aguas del Tunari aceptando sus condiciones mercantilistas. El contrato se concretó en escasos meses por las influencias políticas de los socios del consorcio Aguas del Tunari, flexibilizando incluso los términos del proyecto propuesto “para hacerlo más aceptable a los intereses económicos de la empresa, con una estrategia de acceder a fuentes de agua alternativos al Proyecto Misicuni de menos inversión, afectando aguas subterráneas y fuentes de todo el valle central”, (Crespo y Fernández, 2001). Más aún, las autoridades permitieron que Aguas del Tunari, con domicilio legal en las Islas Caimán, cambiara de dirección en medio del proceso a Holanda, para ampararse en un acuerdo bilateral de Inversión que Bolivia tiene con ese país.

    LA GUERRA DEL AGUA

    La Guerra del Agua, entonces, fue una respuesta ciudadana a este conjunto de medidas y condiciones arbitrarias y atentatorias a los derechos de casi todos los sectores de la población: se jugaron demandas antiguas por los servicios, sistemas de gestión del agua arraigados en una cultura comunitaria, demandas de acceso al agua potable, prácticas propias de distribución del agua, críticas al proceso de privatización mismo. Las organizaciones campesinas y de regantes, jugaron un papel protagónico en el conflicto, pues el grado de afectación sobre sus derechos de agua les privaba de sus derechos de acceso a este recurso, vital para su sobrevivencia. Fueron los regantes campesinos, cocaleros, agricultores los que primero reaccionaron al proceso de privatización, trasladándose a la ciudad para expresar su protesta. A ellos se sumaron las organizaciones de los comités y las cooperativas de agua que con tanto sacrificio construyeron sus sistemas que estaban siendo expropiados por la empresa, y finalmente los otros sectores de usuarios de la red de la empresa, que reaccionaron a la escandalosa elevación de tarifas, uniéndose a los manifestantes campesinos.

    Ante la resistencia del gobierno de revisar el contrato y su intento por minimizar las protestas de la población, la Coordinadora del Agua y de la Vida, entidad que se organizó al calor de las movilizaciones y que aglutina a los diferentes sectores sociales afectados, organizó una Consulta Popular el 20 de Marzo del 2000, que contó con una amplia participación ciudadana; más de 50.000 personas expresaron la voluntad de la sociedad civil cochabambina por el rechazo al incremento tarifario, la anulación del contrato con la empresa privatizadora, el rechazo a la privatización del agua y el archivo de la ley 2029 para hacer una nueva; incluyendo los criterios de “usos y costumbres”.

    En el mes de Abril, el conflicto se agudizó y generalizó, pues el gobierno de entonces, no solamente desconoció los resultados de la Consulta, a los propios dirigentes y las propuestas de las organizaciones sociales para resolver el conflicto, sino que siguió ejerciendo la represión policial y además trasladó a la ciudad de Cochabamba a grupos especiales del ejército para la represión, declarando incluso el Estado de Sitio. En el conflicto un joven murió fruto del disparo de un francotirador del ejército, quien vestido de civil disparaba hacia la población manifestante. El autoritarismo para imponer la privatización, no hizo otra cosa que generalizar las protestas y el conflicto se tornó nacional; al mismo tiempo organizaciones campesinas en todo el país iniciaron un bloqueo, en apoyo a las reivindicaciones del pueblo de Cochabamba y a las organizaciones de regantes. Y al final incluso la policía amenazó con amotinarse para no obedecer órdenes de “represión contra el pueblo para defender intereses extranjeros”.

    El conjunto de presiones sobre la población rural y urbana, transformó en inviable la privatización, por el grado de conflicto social que provocó. El mismo se extendió y adquirió dimensiones nacionales pues a las demandas de los cochabambinos, se sumaron las acciones de solidaridad de otros departamentos del país. La empresa a la cual se le había dado la concesión fue echada por la población luego de meses de protestas que culminaron en una verdadera guerra en las calles de esta ciudad: población y ejército enfrentados en barricadas, gente de toda procedencia y estrato social salía día a día a protestar por la privatización, hombres y mujeres protagonizaron duros enfrentamientos, fueron objeto de represión y amenazas y finalmente ganaron, a pesar de la declaratoria de un Estado de sitio, un muerto y decenas de heridos y personas detenidas. Al final de todo, la lucha de la población entera logra la ruptura del contrato de concesión con la empresa Aguas del Tunari, semanas más tarde movilizaciones campesinas seguidoras de las demandas iniciadas en Cochabamba lograron evitar reformas legales sobre el agua, cambiaron la ley 2029 que atentaba a sus derechos y pararon la lógica privatizadora de la ley de aguas.

    El pueblo de Cochabamba recuperó la Empresa Municipal SEMAPA, bajo una forma de organización que permite control social, se logra cambiar la Ley 2029 de Agua Potable y Alcantarillado y se detiene la propuesta de Ley de Aguas iniciando un proceso de discusión, debate y concertación más participativo. Un slogan inscrito en las paredes de Cochabamba aún permanece perpetuando el espíritu de la lucha de esas jornadas: “BEBO AGUA, LUEGO EXISTO, ENTONCES VOTO”.

    Las mujeres en defensa del Agua

    Una de las vertientes más importantes del movimiento fueron las mujeres, tanto urbanas como de las áreas rurales, en particular las mujeres indígenas. Participaron muy activamente las mujeres regantes, responsables principales en el trabajo cotidiano de gestión del agua y de riego de sus sembradíos y asequias.

    “De pronto llegamos a nuestra toma de Tiquipaya y estaba con soldados, resulta que ya no podíamos acceder a nuestra fuente que había sido nuestra desde siempre, desde antes de nuestros abuelos… Nos estaban prohibiendo el derecho al agua y a la vida. Eso no podía ser.” (Vicky, Regante de Tiquipaya).

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    También las mujeres urbanas, como parte de sus roles de género, quienes gestionan el consumo del agua, su distribución y acopio pues en muchas zonas de la ciudad no existe la instalación a domicilio o simplemente no llega el agua.(1)

    Muchas de las mujeres que organizaron las acciones de movilización y de solidaridad entre los diferentes actores, eran mujeres de las cooperativas de agua o las mujeres trabajadoras de los mercados. También jugaron un activo papel las mujeres usuarias del servicio de la empresa, pues debido al alza de las tarifas muchas mujeres debieron ajustar sus presupuestos para pagar la factura, o trasladarse a pilas públicas para tener acceso al agua a menos costo; finalmente levantarse ellas o las niñas mayores de la familia a tempranas horas de la mañana para recibir agua del camión aguatero.

    “Mi factura se había duplicado apenas en un mes y no es que habíamos usado más agua, yo pagaba 11 bs., a 12 bs., casi generalmente, (…) de un día para otro ya hemos visto pues, tenía que pagar el doble: 25!. Cláro, algunos dirán que 12 o 13 bolivianos es nada, pero para una familia como la mía que sólo depende de mi sueldo es bastante. (…) Esos 12 que estaba yo pagando de más me servía para mis movilidades. No quedaba otra que levantarse más temprano y caminar al trabajo, ¿no ve?”

    “El tarifazo, decía la gente, todos estábamos indignados por esa elevación en las facturas, al final la gente ya se negó a pagar, íbamos con nuestras facturas a la prensa, a la oficina de la Coordinadora, era un escándalo” (vecina Casco Viejo).

    Tal fue la participación de las mujeres y su contribución a la movilización social de esos días que dio lugar a una anécdota cuando un grupo de dirigentes perseguidos fue a refugiarse en una parroquia:“Dónde está la Señora Coordinadora, queremos conocer a esa mujer tan valiente que organiza la resistencia” preguntaron los anfitriones refiriéndose a la Coordinadora del Agua y la Vida, red de organizaciones y líderes formada al calor de la lucha, pero confundiendo, no por casualidad, de que se trataría de una mujer. Las propias mujeres escuchaban de esta confusión con orgullo, seguras de que su participación en la protesta y las acciones de solidaridad fue de primera línea.

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    En las acciones de Abril del 2000 las mujeres de las organizaciones de regantes defienden por un lado sus derechos al agua, su uso social, su reivindicación como “administradoras” del recurso, la unidad en las organizaciones y su reconocimiento a los dirigentes. Pero, al mismo tiempo plantean sus propias reivindicaciones de género: demandas de una mayor participación, reconocimiento y poder de decisión. Si bien las mujeres realizan el trabajo más duro en la gestión del agua, o en el control de la calidad del servicio, o en la lucha en las calles por evitar su privatización, no encuentran un correlato similar en los niveles de participación y toma de decisiones en las propias organizaciones o en niveles de decisión locales como los gobiernos municipales o nacionales; en el conflicto por el agua, las mujeres encontraron pocos espacios en las mesas de negociación con las autoridades y en los espacios de influencia y decisión política. Entonces, la reflexión sobre prácticas de exclusión y mecanismos que fomentan su invisibilidad están presentes entre las propias mujeres de las organizaciones de regantes con un doble desafío: luchar por las conquistas sociales y luchar en sus propios espacios para ampliar su participación y sus derechos como mujeres.

    Podemos decir junto a ellas que las mujeres enfrentan una doble dimensión en su lucha: por un lado las movilizaciones acciones y demandas frente a los intentos de privatización de los servicios, de los recursos y de la vida misma; en ese plano las mujeres tienen un papel muy activo interpelando desde la fuerza que da el valor de la vida: “qué, ¿acaso no toman agua ustedes?” les gritaban a los militares y policías: “acaso no han crecido en las barrigas de sus madres dentro de una bolsa de agua?”, “El agua es nuestra, el agua es sagrada, el agua es la vida”.

    Fueron las mujeres quienes manifestaron de manera más explícita y hasta natural que el agua es un derecho humano, que el acceso al agua limpia y sin exigencias de lucro es fundamental para acceder a otros derechos, y ese es el mérito de la participación femenina.

     

    Bechtel contra Bolivia

    Un nuevo frente de acciones y lucha se planteó cuando luego de salir de Bolivia, el socio mayoritario de Aguas del Tunari, la norteamericana BECHTEL, inicia un juicio contra Bolivia demandando entre 25 y 50 millones de dólares por daños y perjuicios y presenta la demanda en el Comité Internacional para el Arreglo de Diferencias en cuanto a Inversiones del Banco Mundial (CIADI).

    Aguas del Tunari luego de firmado el contrato pasó su dirección legal de las Islas Caimán a Holanda, sin respetar normas del contrato de concesión, para ampararse en un Tratado Bilateral de Inversiones que existe entre Bolivia y Holanda, este TBI o BIT (por sus siglas en inglés) remite los conflictos entre empresas y países a un panel de arbitraje privado como en el TLCNA o como el que plantea el ALCA, en este caso a una instancia del Banco Mundial. En este panel, ni los regantes, ni los usuarios del servicio, ni los familiares del joven asesinado durante el conflicto, ni las mujeres que vieron afectadas sus vidas por la privatización, tienen un lugar para dar su testimonio, el panel tiene un representante de la empresa, un representante del Gobierno y un árbitro elegido por el Banco Mundial. Es un panel secreto y a puertas cerradas.

    Bolivia, y sobre todo las organizaciones sociales, se han rehusado durante cinco años a esta demanda argumentando que Bechtel es básicamente una empresa norteamericana y no holandesa, y que el monto de la indemnización que ellos piden no tiene relación con lo que esa empresa llegó a invertir en Bolivia, que fue menos de un millón de dólares, ni tiene justificación moral por los perjuicios que esta empresa causó en el país durante esos meses. Los movimientos y organizaciones sociales desarrollaron una espectacular campaña en alianza con redes y organizaciones solidarias de todo el mundo enviando cartas al Banco Mundial, a la prensa, a Becthel, a sus socios, organizando ante la propia sede del Banco Mundial manifestaciones de repudio a esta acción iniciada por la transnacional Bechtel, manifestaciones en Holanda de activistas denunciando la patraña de la adscripción de una empresa norteamericana a la nacionalidad holandesa, sólo para proteger sus intereses. Estamos hablando de la participación activa de más de 300 organizaciones en 42 países rechazando esta acción ante el CIADI con una fuerza contundente. Estas acciones de presión lograron que la demanda no progrese.

    A finales de 2005 y como producto de la gran campaña desarrollada en contra de la demanda de Bechtel, esta empresa decide ofertar las acciones de la empresa a Bolivia por un precio simbólico como una forma de resolver el conflicto de manera pacífica. El acuerdo se firma entre Bechtel y el Gobierno Boliviano en el CIADI a principios de 2006, como un arreglo “amistoso” por el que la transnacional renuncia a su demanda de más de 25 millones de dólares y vende sus acciones por un valor simbólico de 30 centavos de dólar.

    Consecuencias de una demanda millonaria

    Aunque gracias a la lucha de los pueblos en solidaridad que presionaron a Bechtel para levantar su demanda y poner en la balanza su imagen para seguir con sus actividades de lucro lidiando en mejores condiciones con las presiones y protestas ciudadanas, el proceso tuvo un enorme costo para el Estado boliviano: las autoridades reportan un gasto de 1.8 millones de dólares sólo en gastos de defensa (contratación de estudios de abogados internacionales, delegaciones diplomáticas a Washington, etc.)

    Impactos

    Los impactos de la privatización del agua en Bolivia, no sólo se expresaron en la elevación arbitraria de las tarifas y los derechos de los usuarios, sino también en la afectación a los derechos indígenas de acceso al agua por la legislación impuesta para favorecer las inversiones de la transnacional. Los conflictos sociales generados repercutieron en la democracia, provocaron una crisis de estado que por defender los intereses empresariales se ejercitó violencia y represión estatal, con el resultado de un muerto y decenas de heridos.

    El monopolio y la exclusividad para la prestación de los servicios de agua potable por la transnacional afectó los sistemas de agua potable comunales. También significó una forma de expropiación de fuentes de agua de comunidades rurales y los sistemas de riego campesinos. Esto profundizó el desprecio por el conocimiento tradicional y por visiones conocimiento colectivo para el manejo y gestión del agua, saberes acumulados en siglos basados en mecanismos de control, concertación y “usos y costumbres” tradicionales.

    La resistencia social generada frente a la privatización del agua, la solidaridad y repercusión que tuvo esta lucha en la realidad boliviana es muy importante, es a partir de esta experiencia que las organizaciones sociales confluyen en lo que actualmente es el Movimiento Boliviano de Lucha contra el ALCA que incluye en su campaña, la defensa del agua contra la privatización. En este marco, la denuncia de la demanda de Bechtel contra Bolivia se constituyó en un ejemplo vivo del tipo de protección a las inversiones que se pretende imponer bajo estos acuerdos y marcó la agenda de las acciones sobre los derechos del agua en Bolivia desde la mirada de los movimientos sociales. Este factor y la forma en còmo se desarrolló el conflicto ha permitido articular campañas nacionales e internacionales con organizaciones activistas por el agua del mundo entero.


    Desde la experiencia de Cochabamba aprendimos varias cosas: por un lado que la fuerza de los movimientos sociales es capaz de cambiar desde abajo el embate del libre mercado, que una lucha local, puede tener una repercusión internacional y mundial muy grande, que es posible construir solidaridades y alianzas entre organizaciones del sur y del norte capaces de organizar y articular campañas para defender el derecho fundamental al agua, que los movimientos sociales de resistencia a la globalización financiera, pueden articular nuevos discursos y miradas para construir un mundo mejor a partir de lo que ya es posible. También aprendimos que es fundamental ubicarse en la perspectiva de los saberes locales, del conocimiento indígena y comunitario, de las necesidades de los pueblos y de los mecanismos que las culturas han construido a través de años de convivencia con la naturaleza para buscar una gestión sostenible del recurso agua que respete los derechos humanos y los derechos de la propia naturaleza.

    Estamos convencidos de que los servicios de agua deben estar fuera de los condicionamientos de las multilaterales (BID, BM, FMI) que los someten a su privatización para renegociar la deuda de los países más pobres.

    El agua debe estar fuera de los acuerdos de libre comercio, porque éstos están orientados a la mercantilización del agua y a su incorporación en la lógica del mercado y a que las decisiones políticas sobre la gestión social del agua, quede en manos de las corporaciones. El agua debe ser reivindicada nos solamente como un derecho humano y por tanto un bien común, sino también como un bien y un derechos de la naturaleza.

    Las sociedades deben promover el mantenimiento y mejoramiento de los sistemas públicos de distribución del agua, con control social de las comunidades usuarias y de la sociedad civil, y deberían incluir la consideración del enfoque de género reflejando las necesidades, las visiones y derechos de las mujeres. Es muy importante defender el agua como un derecho y responsabilidad de todos y no dejar caer su administración en manos de las corporaciones.(1)

     

     

    La Guerra del Gas

     

    En junio del 2002, Evo Morales, representando a los cultivadores de hoja de coca, a los indígenas, los sindicatos y a la izquierda había estado a menos de dos puntos de ganar en las elecciones presidenciales, y por primera vez en América Latina entraba al Parlamento una importante representación indígena, que no solo llevaban sus trajes tradicionales, sino una misión encomendada por sus bases, el MAS un partido que se define como instrumento político no tiene aparato, los representantes en el Parlamento en su mayoría han sido designados directamente por las bases y Evo Morales, más que jefe o caudillo es el portavoz de este movimiento. Este verdadero terremoto político iniciaba una nueva etapa en un ciclo de sublevaciones que había empezado el 2000 en Cochabamba, en lo que despues se llamó La Guerra del Agua y que inició esta época revolucionaria. En Cochabamba, por primera vez, una movilización popular amplia y masiva logró desalojar a la transnacional Bechtel que se había apoderado del agua potable de la ciudad... fue una victoria emblemática, que anunciaba que era posible ganarle al capitalismo global.

     

    Los acontecimientos no se detuvieron allí, los indígenas del altiplano bloquearon la ciudad de La Paz. Indígenas de todo el país marcharon exigiendo la realización de una Asamblea Constituyente, el ritmo de las movilizaciones se mantuvo. Cinco meses depués de iniciar su mandato, Sánchez de Losada, inspirado por el FMI, pretende imponer un impuesto suplementario del 12 % sobre los salarios: una manifestación de estudiantes del colegio Ayacucho, se transformó en una batalla entre policías (que simpatizaban con los manifestantes) y militares... después de dos días de batallas callejeras se contaban más de 30 muertos. Fue la guerra de Febrero. El Presidente debió retirar su proyecto.

    La sublevación de octubre 2003 es el resultado de una serie de movilizaciones sectoriales que se fueron articulando alrededor de diferentes organizaciones, líderes y consignas para terminar en una sola que era la salida del presidente, un referendum para decidir sobre el gas y la realización de una Asamblea constituyente . La represión desatada por el gobierno contra los indígenas del altiplano provocó la ira popular, y a partir de ese momento, los días de Sánchez de Losada como presidente de Bolivia estaban contados, la Guerra del Gas fue ganada por el pueblo.

    Los principales actores de estas batallas fueron los habitantes de El Alto, de los barrios de La Paz, y los mineros. La violencia represiva desmedida sólo logró acrecentar la decisión del pueblo.(2)

    En dichas jornadas las organizaciones elaboraron “la agenda de Octubre”, que entre otras demandas, exigía la nacionalización sin pago de las petroleras y de todos los recursos naturales (minería, madera, agua, etc.), la reversión al Estado de las mal llamadas “capitalizadas”, salario, trabajo, y tierra.

     

    La rescisión del contrato con Aguas del Illimani

    Tres años después de las jornadas heroicas de octubre, pobladores de la ciudad de El Alto protagonizaron una serie de movilizaciones en demanda de la expulsión de la empresa Aguas del Illimani S. A. (AISA), con el argumento de que el agua no pude servir para enriquecer a unos cuantos, en desmedro de la población, sino que más bien debería beneficiar a todos los pobladores de La Paz por igual, dado que se trata de un servicio básico y una necesidad elemental, el 12 de febrero de 2006, el Presidente de la República Evo Morales Ayma oficializó la rescisión del contrato con la empresa francesa.

    El Palacio de Gobierno se llenó de banderas rojo amarillo y verde y de wiphalas que eran portadas por representantes de la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) de El Alto, la Central Obrera Regional (COR) de la misma ciudad, los gremialistas y los transportistas, entre otros, quienes se dieron cita en el hall del Palacio, para recibir el anuncio de que por fin se concretaba la conquista de una lucha social que se prolongó por tres años.

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    La noche del 3 de enero los pobladores paceños recibieron con gran algarabía la noticia de que el costo del agua no se indexará más al dólar, como se hacía hasta la rescisión del contrato, sino que la población pagará el precio real del consumo del recurso hídrico.

    Asimismo, se anunció la creación de la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS), una nueva empresa estatal que se hará cargo de prestar el servicio y de garantizar que el agua no sea un negocio privado. Para concretar la creación de la nueva empresa, el Poder Ejecutivo anunció la inversión de 5.5 millones de dólares de manera inicial.

    El Decreto Supremo 28985, donde se establece la rescisión del contrato con Aguas del Illimani, define la transferencia de las acciones de la empresa transnacional a favor del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR), hasta que se concrete la creación de EPSAS.

    La conclusión del contrato con AISA se realizó, como todas las acciones del Gobierno, en el marco de una negociación que arrojó excelentes resultados, toda vez que se evitó que el país sea sometido a arbitrajes internacionales y más bien demuestre su voluntad de respetar la seguridad jurídica de las empresas que operan en el país y que se someten al marco normativo del Estado.

     
     
     

    Evo Morales Funda el MINISTERIO DEL AGUA:

    El agua no se privatiza

     

    Los movimientos sociales que lucharon contra la privatización del agua se han convertido en referentes mundiales y Evo respondiendo a los movimientos sociales, institucionalizó un estamento gubernamental que apoye esa lucha.

    El presidente  Evo Morales ha querido dar una señal al sector más aguerrido del movimiento popular boliviano con la creación del Ministerio de Agua, único en su género y el primero de este tipo en el Poder Ejecutivo. En Bolivia se han producido dos levantamientos populares contra la privatización del agua, el primero en Cochabamba en abril de 2000, enfrentando a la transnacional Bechtel, y el segundo en El Alto, en enero de 2005, contra una subsidiaria de la corporación francesa Suez.

      El gobierno de Morales decidió crear el Ministerio de Agua con el objetivo de contar con una estructura estatal especializada en garantizar el acceso de este elemento a toda la población y preservar su carácter público. “El agua no puede ser un negocio privado porque si se convierte en una mercancía se estaría violando los derechos humanos. El recurso agua ahora será un servicio público”, declaró el presidente Evo Morales

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      La lógica privatizadora y mercantilista que imperó en el país en las últimas dos décadas propició una administración hídrica no integral sino parcelada, con el fin de facilitar las concesiones privadas de recursos acuíferos. Como consecuencia de esa concepción neoliberal, se puede decir que el recurso casi fue “descuartizado” en diversas instancias del Poder Ejecutivo y de las superintendencias sectoriales.

    Hasta hace dos años, el Ministerio de Asuntos Campesinos se ocupa del riego; el Ministerio de Saneamiento y Obras Públicas atiendía el agua potable y saneamiento básico; el Ministerio de Medio Ambiente controlaba la Dirección de Cuencas y la Cancillería velaba solitariamente, por las aguas internacionales. Además de otras dependencias que disponían del recurso agua sin someterse al control estatal, como las superintendencias sectoriales de Electricidad, Hidrocarburos y Minería.

    El gobierno del MAS diseñó una política nacional de recursos hídricos y normas para el manejo y la conservación de cuencas que garantiza y proteje legalmente los derechos de comunidades indígenas y campesinas a las fuentes de agua. Dicha política regulariza los derechos de aguas, incluye planes nacionales y regionales de riego; reconoce los derechos de aguas para uso agropecuario y forestal; y propicia la transferencia de infraestructura de riego y microriego.

    En Busca de una política Nacional de Agua

    se ha diseñado una Estrategia Nacional del Agua y de Recursos Hídricos en función de la estrategia de defensa de la soberanía y seguridad nacionales. Esto incluye la concertación de una nueva Ley de Aguas y su reglamentación ajustada a la estrategia nacional del agua; el rediseño de las políticas y planes nacionales y regionales de riego ajustados a los objetivos nacionales de soberanía alimentaria; el diseño de la Estrategia Nacional de Manejo de Cuencas en función de la estrategia nacional del agua, y el diseño concertado de la Política Nacional de Agua Potable y el Plan Nacional Decenal de Agua Potable.

    Los Recursos Hídricos en la Nueva Constitución Política del Estado.

     

    La vida y la necesidad del agua para la vida, son los principios fundamentales reconocidos por el texto de la Nueva Constitución Política del Estado, aprobada por la Asamblea Constituyente. En los artículos desarrollados a continuación se evidencian los principales avances relativos al agua en el texto constitucional.

     

    En la actual coyuntura, se debe resaltar un hecho muy importante; durante el debate de las propuestas constitucionales sobre el agua se generaron muchas tensiones y preocupaciones entre los diferentes sectores territoriales, políticos, institucionales y sociales, pero la importancia del agua para la vida, fue el elemento que logró generar consensos entre los diferentes actores sociales y políticos, demostrando de esta forma la posibilidad, de fortalecer la unidad de Bolivia.

     

    ¿Qué dice la Nueva Constitución Política del Estado sobre este importante recurso natural?

     

    Artículo 16

    I.                    Toda persona tiene derecho al agua y a la alimentación

     

    Artículo 20

    I. Toda persona tiene derecho al acceso universal y equitativo a los servicios básicos de agua potable, alcantarillado, electricidad, gas domiciliario, postal y telecomunicaciones.

    II. Es responsabilidad del Estado, en todos sus niveles de gobierno, la provisión de los servicios básicos a través de entidades públicas, mixtas, cooperativas o comunitarias. En los casos de electricidad, gas domiciliario y telecomunicaciones se podrá prestar el servicio mediante contratos con la empresa privada. La provisión de servicios debe responder a los criterios de universalidad, responsabilidad, accesibilidad, continuidad, calidad, eficiencia, eficacia, tarifas equitativas y cobertura necesaria; con participación y control social.

    III. El agua y alcantarillado constituyen derechos humanos y no son objeto de concesión ni privatización.

     

    Artículo 33

    Las personas tienen derecho a un medio ambiente saludable, protegido y equilibrado. El ejercicio de este derecho debe permitir a los individuos y colectividades de las presentes y futuras generaciones, además de otros seres vivos, desarrollarse de manera normal y permanente

     

    Artículo 342

    Es deber del Estado y de la población conservar, proteger y aprovechar de manera sustentable los recursos naturales y la biodiversidad, así como mantener el equilibrio del medio ambiente.

     

    Artículo 343

    La población tiene derecho a la participación en la gestión ambiental, a ser consultado e informado previamente sobre decisiones que pudieran afectar a la calidad del medio ambiente.

     

    Artículo 345

    Las políticas de gestión ambiental se basarán en:

    1. La planificación y gestión participativas, con control social.

    2. La aplicación de los sistemas de evaluación de impacto ambiental y el control de calidad ambiental, sin excepción y de manera transversal a toda actividad de producción de bienes y servicios que use, transforme o afecte a los recursos naturales y al medio ambiente.

    3. La responsabilidad por ejecución de toda actividad que produzca daños medioambientales y su sanción civil, penal y administrativa por incumplimiento de las normas de protección del medio ambiente.

     

    Artículo 348

    I. Son recursos naturales los minerales en todos sus estados, los hidrocarburos, el agua, el aire, el suelo y el subsuelo, los bosques, la biodiversidad, el espectro electromagnético y todos aquellos elementos y fuerzas físicas susceptibles de aprovechamiento.

    II. Los recursos naturales son de carácter estratégico y de interés público para el desarrollo del país.

     

    Artículo 349

    I. Los recursos naturales son de propiedad y dominio directo, indivisible e imprescriptible del pueblo boliviano, y corresponderá al Estado su administración en función del interés colectivo.

    II. El Estado reconocerá, respetará y otorgará derechos propietarios individuales y colectivos sobre la tierra, así como derechos de uso y aprovechamiento sobre otros recursos naturales

     

    Artículo 373

    I. El agua constituye un derecho fundamentalísimo para la vida, en el marco de la soberanía del pueblo.

    El Estado promoverá el uso y acceso al agua sobre la base de principios de solidaridad, complementariedad, reciprocidad, equidad, diversidad y sustentabilidad.

    II. Los recursos hídricos en todos sus estados, superficiales y subterráneos, constituyen recursos finitos, vulnerables, estratégicos y cumplen una función social, cultural y ambiental. Estos recursos no podrán ser objeto de apropiaciones privadas y tanto ellos como sus servicios no serán concesionados.

     

    Artículo 374

    I. El Estado protegerá y garantizará el uso prioritario del agua para la vida. Es deber del Estado gestionar, regular, proteger y planificar el uso adecuado y sustentable de los recursos hídricos, con participación social, garantizando el acceso al agua a todos sus habitantes. La ley establecerá las condiciones y limitaciones de todos los usos.

    II. El Estado reconocerá, respetará y protegerá los usos y costumbres de las comunidades, de sus autoridades locales y de las organizaciones indígena originaria campesinas sobre el derecho, el manejo y la gestión sustentable del agua.

    III. Las aguas fósiles, glaciales, humedales, subterráneas, minerales, medicinales y otras son prioritarias para el Estado, que deberá garantizar su conservación, protección, preservación, restauración, uso sustentable y gestión integral; son inalienables, inembargables e imprescriptibles.

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